ANEXO I
UNA BÚSQUEDA UNIVERSAL DE TOLERANCIA
1995 Año de las Naciones Unidas para la Tolerancia
Por iniciativa de la UNESCO, las Naciones Unidas decidieron proclamar 1995 ¬ año del cincuentenario de las dos organizaciones ¬ Año Internacional para la Tolerancia.
Los "años internacionales" son una ocasión propicia para suscitar ideas nuevas, organizar debates y sensibilizar a la toma de conciencia. A menudo se dirigen a un grupo, un campo de acción o un tema específicos. El Año Internacional para la Tolerancia pone de relieve una virtud individual que aparece cada vez más como una necesidad política y jurídica para la coexistencia pacífica.
Aceptación y aprecio de la diversidad, capacidad de vivir y dejar vivir a los demás, capacidad de tener sus propias convicciones aceptando que los otros tengan las suyas, capacidad de gozar de sus derechos y libertades sin vulnerar los del prójimo ¬ la tolerancia siempre ha sido considerada como una virtud. También es el fundamento de la democracia y los derechos humanos. La intolerancia en las sociedades multiétnicas, multirreligiosas o multiculturales conduce a la violación de los derechos humanos, la violencia y la guerra.
¿Cómo conquistar la tolerancia, cincuenta años después de que los firmantes de la Carta de las Naciones Unidas decidieran "practicar la tolerancia y vivir en paz los unos con los otros, en un espíritu de buena vecindad" y más de doscientos años después que Voltaire condujera una batalla filosófica apasionada contra la intolerancia, el sectarismo y la injusticia que la legitimaba?
El Año para la Tolerancia ha servido para lanzar y plantearse nuevas y viejas ideas así como para sensibilizar la opinión pública. Entre las iniciativas individuales figuran el recurso a métodos de enseñanza tradicionales y locales ¬ como espectáculos de títeres, marionetas para niños exposiciones, música y películas para dar a conocer mejor otras culturas, regiones y modos de vida.
Las actividades de la UNESCO a favor de la tolerancia se han llevado a cabo en zonas en conflicto ¬ por ejemplo en Sarajevo, en donde se ha instalado una emisora de televisión multiétnica, NTV99, merced a las donaciones de varios países europeos ¬ y en sociedades en situación de postconflicto, proyectos de reconciliación y reconstrucción en Burundi, Mozambique, El Salvador han conducido antiguos enemigos a plantearse las necesidades colectivas y el porvenir común.
Las escuelas han sido lugares privilegiados de las actividades del Año. La UNESCO ha editado La Tolerancia, umbral de la paz, guía didáctica envidada a miles de establecimientos docentes en el mundo y a los que se les ha solicitado comentarios y sugerencias. En muchos países as escuelas han organizado debates en las clases, concursos de redacción y de dibujo, semanas de información, festivales y programas de intercambios escolares sobre el tema de la tolerancia.
La UNESCO ha creado un premio para la promoción de la tolerancia y la no violencia y otro para la literatura infantil al servicio de la tolerancia. Durante el Año han surgido iniciativas originales por parte de personas que se han comprometido personalmente a defender la tolerancia contribuyendo a campañas de sensibilización de la opinión. Seis artistas, entre los más destacados, han expresado este ideal por medio de seis banderas, símbolos de la tolerancia; Pierre Cardin, Embajador de buena voluntad de la UNESCO ha producido y ofrecido a cada país un juego de estas banderas para que sirvan de testimonio intemporal de la tolerancia a millones de seres humanos en el mundo.
El 14 de julio de 1995, Jean Michel Jarre, asimismo Embajador de buena voluntad de la UNESCO, atrajo a su concierto por la tolerancia, a millón y medio de personas, y muchos otros millones pudieron seguirlo a través de su retransmisión. Más de doscientos concursantes participaron en el rally de motos de Denver al Canal de Panamá, organizado por BMW en una carretera llamada simbólicamente "Camino de la tolerancia".
La tolerancia, el multiculturalismo, la diversidad universal, el diálogo religioso y cultural han sido temas de debate a través de una cincuentena de encuentros nacionales, regionales e internacionales a lo largo del Año. Previstos en un principio como foros de intercambio de puntos de vista y conocimientos, dichos encuentros han permitido reflexionar sobre la definición y las condiciones de la tolerancia, así como discutir sobre la estrategia, las orientaciones para promoverla tolerancia y combatir el resurgimiento de la intolerancia en los años venideros.
Estos trabajos han tenido como punto culminante la Declaración de principios sobre la tolerancia, adoptada y firmada el 16 de noviembre de 1995, día de celebración del 50 aniversario de la adopción de la Constitución de la UNESCO.
UNA BÚSQUEDA UNIVERSAL DE TOLERANCIA
1995 Año de las Naciones Unidas para la Tolerancia
Por iniciativa de la UNESCO, las Naciones Unidas decidieron proclamar 1995 ¬ año del cincuentenario de las dos organizaciones ¬ Año Internacional para la Tolerancia.
Los "años internacionales" son una ocasión propicia para suscitar ideas nuevas, organizar debates y sensibilizar a la toma de conciencia. A menudo se dirigen a un grupo, un campo de acción o un tema específicos. El Año Internacional para la Tolerancia pone de relieve una virtud individual que aparece cada vez más como una necesidad política y jurídica para la coexistencia pacífica.
Aceptación y aprecio de la diversidad, capacidad de vivir y dejar vivir a los demás, capacidad de tener sus propias convicciones aceptando que los otros tengan las suyas, capacidad de gozar de sus derechos y libertades sin vulnerar los del prójimo ¬ la tolerancia siempre ha sido considerada como una virtud. También es el fundamento de la democracia y los derechos humanos. La intolerancia en las sociedades multiétnicas, multirreligiosas o multiculturales conduce a la violación de los derechos humanos, la violencia y la guerra.
¿Cómo conquistar la tolerancia, cincuenta años después de que los firmantes de la Carta de las Naciones Unidas decidieran "practicar la tolerancia y vivir en paz los unos con los otros, en un espíritu de buena vecindad" y más de doscientos años después que Voltaire condujera una batalla filosófica apasionada contra la intolerancia, el sectarismo y la injusticia que la legitimaba?
El Año para la Tolerancia ha servido para lanzar y plantearse nuevas y viejas ideas así como para sensibilizar la opinión pública. Entre las iniciativas individuales figuran el recurso a métodos de enseñanza tradicionales y locales ¬ como espectáculos de títeres, marionetas para niños exposiciones, música y películas para dar a conocer mejor otras culturas, regiones y modos de vida.
Las actividades de la UNESCO a favor de la tolerancia se han llevado a cabo en zonas en conflicto ¬ por ejemplo en Sarajevo, en donde se ha instalado una emisora de televisión multiétnica, NTV99, merced a las donaciones de varios países europeos ¬ y en sociedades en situación de postconflicto, proyectos de reconciliación y reconstrucción en Burundi, Mozambique, El Salvador han conducido antiguos enemigos a plantearse las necesidades colectivas y el porvenir común.
Las escuelas han sido lugares privilegiados de las actividades del Año. La UNESCO ha editado La Tolerancia, umbral de la paz, guía didáctica envidada a miles de establecimientos docentes en el mundo y a los que se les ha solicitado comentarios y sugerencias. En muchos países as escuelas han organizado debates en las clases, concursos de redacción y de dibujo, semanas de información, festivales y programas de intercambios escolares sobre el tema de la tolerancia.
La UNESCO ha creado un premio para la promoción de la tolerancia y la no violencia y otro para la literatura infantil al servicio de la tolerancia. Durante el Año han surgido iniciativas originales por parte de personas que se han comprometido personalmente a defender la tolerancia contribuyendo a campañas de sensibilización de la opinión. Seis artistas, entre los más destacados, han expresado este ideal por medio de seis banderas, símbolos de la tolerancia; Pierre Cardin, Embajador de buena voluntad de la UNESCO ha producido y ofrecido a cada país un juego de estas banderas para que sirvan de testimonio intemporal de la tolerancia a millones de seres humanos en el mundo.
El 14 de julio de 1995, Jean Michel Jarre, asimismo Embajador de buena voluntad de la UNESCO, atrajo a su concierto por la tolerancia, a millón y medio de personas, y muchos otros millones pudieron seguirlo a través de su retransmisión. Más de doscientos concursantes participaron en el rally de motos de Denver al Canal de Panamá, organizado por BMW en una carretera llamada simbólicamente "Camino de la tolerancia".
La tolerancia, el multiculturalismo, la diversidad universal, el diálogo religioso y cultural han sido temas de debate a través de una cincuentena de encuentros nacionales, regionales e internacionales a lo largo del Año. Previstos en un principio como foros de intercambio de puntos de vista y conocimientos, dichos encuentros han permitido reflexionar sobre la definición y las condiciones de la tolerancia, así como discutir sobre la estrategia, las orientaciones para promoverla tolerancia y combatir el resurgimiento de la intolerancia en los años venideros.
Estos trabajos han tenido como punto culminante la Declaración de principios sobre la tolerancia, adoptada y firmada el 16 de noviembre de 1995, día de celebración del 50 aniversario de la adopción de la Constitución de la UNESCO.
Los signatarios de la Declaración afirman que la tolerancia no es sólo un principio moral sino también una necesidad política y jurídica para los individuos, los grupos y los Estados. Situando la tolerancia con respecto a los instrumentos internacionales que atañen a los derechos humanos y que se han establecido desde hace cincuenta años, se subraya que los Estados deberían elaborar, si es necesario, nuevas normas legislativas con el fin de garantizar la igualdad de tratamiento y oportunidades a los diferentes grupos e individuos que forman la sociedad.
Además de comprometerse a promover la tolerancia y la no violencia por medio de programas educativos, los Estados miembros han proclamado el 16 de noviembre Día Internacional para la Tolerancia. La Declaración se someterá a la aprobación de la 51a reunión de la Asamblea general de las Naciones Unidas en 1996.
La proclamación de un Año internacional para la Tolerancia tenía por objetivo inmediato sensibilizar los políticos y la opinión pública a los peligros ligados a las formas contemporáneas de intolerancia. Desde el final de la guerra fría, se asiste a un aumento constante de conflictos de origen social, religioso y cultural. Con demasiada frecuencia dichos conflictos han degenerado en guerra, a menudo se han violado los derechos humanos y se han sacrificado muchas vidas.
¿Qué tienen en común el resurgimiento de las rencillas históricas y de los enfrentamientos armados en los Balcanes y la recrudescencia alarmante de agresiones racistas en Europa Occidental? ¿Qué lazos, si es que existen, unen a los grupos extremistas o a los que preconizan la supremacía de una raza, dondequiera que se encuentren en el mundo? ¿Qué relación hay entre el genocidio en Rwanda y las guerras protagonizadas por grupos extremistas religiosos en otros lugares del planeta? ¿Hay alguna relación entre los actos de violencia cometidos contra escritores, periodistas y artistas en un país, y la discriminación que sufren pueblos indígenas en otros?
La única respuesta que se nos ocurre de inmediato es que la intolerancia progresa en todas partes y mata a gran escala. La intolerancia plantea numerosas cuestiones de índole moral. Siempre ha sido así. Pero, en los años 90 la intolerancia plantea asimismo cuestiones de carácter político. La intolerancia se considera cada vez más una seria amenaza para la democracia, la paz y la seguridad. El problema preocupa, con razón, a gobiernos y opinión pública. Y sin embargo, en cuanto se habla de intolerancia, las preguntas son más numerosas que las respuestas.
La intolerancia siempre ha estado presente en la historia humana. Ha provocado la mayoría de las guerras, las persecuciones religiosas y las confrontaciones ideológicas violentas. ¿ Es, pues, inherente a la naturaleza humana ? ¿Es ineludible? ¿Puede aprenderse la tolerancia? ¿Cómo las democracias pueden quebrantar la intolerancia sin vulnerar las libertades individuales? ¿Cómo pueden establecer códigos de comportamiento individual sin legislar y sin controlar el comportamiento de sus ciudadanos? ¿Cómo puede instaurarse un multiculturalismo pacífico?
Estas interrogantes han conducido en 1995 a debates en los que participaron representantes de gobiernos, expertos en ciencias sociales, juristas, especialistas en derechos humanos, artistas y muchas otras personas. Hubo un amplio consenso y se propusieron algunas soluciones. Pero queda mucho más por hacer. Se ha propuesto convocar una cumbre mundial contra el odio. ¿De cuánto tiempo disponemos antes de que explote la nueva crisis? Mientras que las agujas del reloj giran, oímos resonar las palabras de Wlatko Dizdarevic, redactor jefe del periódico multiétnico de Sarajevo; Oslobodenje: "En Sarajevo es el propio concepto de comunidad multiétnica el que se encuentra sometido a dura prueba; nuestro destino podría muy bien ser el suyo"
Tolerancia: virtud amenazada
¿Cómo hacer frente a la intolerancia?
_ 1. La lucha contra la intolerancia requiere leyes
_ 2. La lucha contra la intolerancia requiere educación
_ 3. La lucha contra la intolerancia requiere el acceso a la información
_ 4. La lucha contra la intolerancia requiere una toma de conciencia individual
_ 5. La lucha contra la intolerancia requiere soluciones locales
1. La lucha contra la intolerancia requiere leyes:
Todo Estado tiene la responsabilidad de fortalecer la legislación referente a los derechos humanos, prohibir y castigar los crímenes motivados por el odio y la discriminación de las minorías independientemente de que estos crímenes sean cometidos por representantes del Estado, organizaciones privadas o individuos. El Estado debe garantizar un acceso equitativo los tribunales y a los organismos de defensa de los derechos humanos o de mediación para que los ciudadanos no apliquen su propia justicia ni recurran a la violencia para solventar sus litigios.
2. La lucha contra la intolerancia requiere educación
Además de comprometerse a promover la tolerancia y la no violencia por medio de programas educativos, los Estados miembros han proclamado el 16 de noviembre Día Internacional para la Tolerancia. La Declaración se someterá a la aprobación de la 51a reunión de la Asamblea general de las Naciones Unidas en 1996.
La proclamación de un Año internacional para la Tolerancia tenía por objetivo inmediato sensibilizar los políticos y la opinión pública a los peligros ligados a las formas contemporáneas de intolerancia. Desde el final de la guerra fría, se asiste a un aumento constante de conflictos de origen social, religioso y cultural. Con demasiada frecuencia dichos conflictos han degenerado en guerra, a menudo se han violado los derechos humanos y se han sacrificado muchas vidas.
¿Qué tienen en común el resurgimiento de las rencillas históricas y de los enfrentamientos armados en los Balcanes y la recrudescencia alarmante de agresiones racistas en Europa Occidental? ¿Qué lazos, si es que existen, unen a los grupos extremistas o a los que preconizan la supremacía de una raza, dondequiera que se encuentren en el mundo? ¿Qué relación hay entre el genocidio en Rwanda y las guerras protagonizadas por grupos extremistas religiosos en otros lugares del planeta? ¿Hay alguna relación entre los actos de violencia cometidos contra escritores, periodistas y artistas en un país, y la discriminación que sufren pueblos indígenas en otros?
La única respuesta que se nos ocurre de inmediato es que la intolerancia progresa en todas partes y mata a gran escala. La intolerancia plantea numerosas cuestiones de índole moral. Siempre ha sido así. Pero, en los años 90 la intolerancia plantea asimismo cuestiones de carácter político. La intolerancia se considera cada vez más una seria amenaza para la democracia, la paz y la seguridad. El problema preocupa, con razón, a gobiernos y opinión pública. Y sin embargo, en cuanto se habla de intolerancia, las preguntas son más numerosas que las respuestas.
La intolerancia siempre ha estado presente en la historia humana. Ha provocado la mayoría de las guerras, las persecuciones religiosas y las confrontaciones ideológicas violentas. ¿ Es, pues, inherente a la naturaleza humana ? ¿Es ineludible? ¿Puede aprenderse la tolerancia? ¿Cómo las democracias pueden quebrantar la intolerancia sin vulnerar las libertades individuales? ¿Cómo pueden establecer códigos de comportamiento individual sin legislar y sin controlar el comportamiento de sus ciudadanos? ¿Cómo puede instaurarse un multiculturalismo pacífico?
Estas interrogantes han conducido en 1995 a debates en los que participaron representantes de gobiernos, expertos en ciencias sociales, juristas, especialistas en derechos humanos, artistas y muchas otras personas. Hubo un amplio consenso y se propusieron algunas soluciones. Pero queda mucho más por hacer. Se ha propuesto convocar una cumbre mundial contra el odio. ¿De cuánto tiempo disponemos antes de que explote la nueva crisis? Mientras que las agujas del reloj giran, oímos resonar las palabras de Wlatko Dizdarevic, redactor jefe del periódico multiétnico de Sarajevo; Oslobodenje: "En Sarajevo es el propio concepto de comunidad multiétnica el que se encuentra sometido a dura prueba; nuestro destino podría muy bien ser el suyo"
Tolerancia: virtud amenazada
¿Cómo hacer frente a la intolerancia?
_ 1. La lucha contra la intolerancia requiere leyes
_ 2. La lucha contra la intolerancia requiere educación
_ 3. La lucha contra la intolerancia requiere el acceso a la información
_ 4. La lucha contra la intolerancia requiere una toma de conciencia individual
_ 5. La lucha contra la intolerancia requiere soluciones locales
1. La lucha contra la intolerancia requiere leyes:
Todo Estado tiene la responsabilidad de fortalecer la legislación referente a los derechos humanos, prohibir y castigar los crímenes motivados por el odio y la discriminación de las minorías independientemente de que estos crímenes sean cometidos por representantes del Estado, organizaciones privadas o individuos. El Estado debe garantizar un acceso equitativo los tribunales y a los organismos de defensa de los derechos humanos o de mediación para que los ciudadanos no apliquen su propia justicia ni recurran a la violencia para solventar sus litigios.
2. La lucha contra la intolerancia requiere educación
Las leyes son necesarias pero insuficientes cuando se trata de contrarrestar la intolerancia en sus raíces o actitudes individuales. La intolerancia tiene a menudo por origen la ignorancia y el miedo: miedo a lo desconocido, al Otro, a otras culturas, naciones, religiones. La intolerancia se encuentra también íntimamente vinculada a un sentimiento exagerado de su propio valor, de orgullo, que puede ser personal, nacional o religioso. Estas nociones se enseñan y aprenden desde la niñez; por lo que la educación para la tolerancia debe intensificarse. Hay que acostumbrar a los niños, tanto en casa como en la escuela, a mostrarse más abiertos, curiosos y receptivos.
La educación es un proceso continuo que se prolonga durante toda la vida; ni empieza ni se termina en la escuela. Los intentos de inculcar la tolerancia por medio de la educación no tendrán éxito si no se dirigen a todos y en todas partes: en casa, en la escuela, en el trabajo, en lugares de diversión y ahora, a través de las autopistas de la información.
3. La lucha contra la intolerancia requiere el acceso a la información
La intolerancia es muy peligrosa cuando se explota al servicio de ambiciones políticas y territoriales de un individuo o grupo. Los que incitan al odio comienzan a menudo identificando el umbral de tolerancia de la opinión pública antes de exponer argumentos falaces, jugar con las estadísticas y manipular al público apoyándose en prejuicios y falsas informaciones. El medio más eficaz para limitar la influencia de estos propagadores de odio es tomar medidas que favorezcan la libertad de prensa y su pluralismo, con el fin de que los lectores puedan distinguir entre hechos y opiniones.
4. La lucha contra la intolerancia requiere una toma de conciencia individual
El sectarismo, los estereotipos, los insultos y los chistes y bromas racistas son otros tantos ejemplos de tipos de manifestación individual con que se encuentran confrontadas a diario numerosas personas. Incita a sus victimas a vengarse. Para combatir la intolerancia debemos darnos cuenta del vínculo que existe entre nuestro comportamiento y el círculo vicioso de la desconfianza y la violencia en la sociedad. Cada uno de nosotros debería comenzar preguntándose: ¿Soy yo tolerante? ¿Tengo esteriotipo respecto a ciertas personas o grupos? ¿Rechazo a los que son diferentes de mí? ¿Les culpo de mis dificultades?
5. La lucha contra la intolerancia requiere soluciones locales
Muchos sabemos que los problemas de mañana van a mundializarse cada vez más, pero pocos se dan cuenta que la solución de estos problemas es local e incluso individual. Frente a la escalada de intolerancia que nos rodea, no debemos esperar que los gobiernos o las instituciones actúen solos. Todos formamos parte íntegra de la solución. No deberíamos sentirnos impotentes, pues poseemos una capacidad enorme de poder. La acción no violenta es un medio de ejercer este poder, el poder del pueblo. Los instrumentos de la acción no violenta ¬ formar un grupo para encarar un problema, organizar una red local, expresar su solidaridad con las víctimas de la intolerancia, detectar y desprestigiar la propaganda odiosa ¬ están a disposición de todos los que quieren acabar con la intolerancia, la violencia y el odio.
La educación es un proceso continuo que se prolonga durante toda la vida; ni empieza ni se termina en la escuela. Los intentos de inculcar la tolerancia por medio de la educación no tendrán éxito si no se dirigen a todos y en todas partes: en casa, en la escuela, en el trabajo, en lugares de diversión y ahora, a través de las autopistas de la información.
3. La lucha contra la intolerancia requiere el acceso a la información
La intolerancia es muy peligrosa cuando se explota al servicio de ambiciones políticas y territoriales de un individuo o grupo. Los que incitan al odio comienzan a menudo identificando el umbral de tolerancia de la opinión pública antes de exponer argumentos falaces, jugar con las estadísticas y manipular al público apoyándose en prejuicios y falsas informaciones. El medio más eficaz para limitar la influencia de estos propagadores de odio es tomar medidas que favorezcan la libertad de prensa y su pluralismo, con el fin de que los lectores puedan distinguir entre hechos y opiniones.
4. La lucha contra la intolerancia requiere una toma de conciencia individual
El sectarismo, los estereotipos, los insultos y los chistes y bromas racistas son otros tantos ejemplos de tipos de manifestación individual con que se encuentran confrontadas a diario numerosas personas. Incita a sus victimas a vengarse. Para combatir la intolerancia debemos darnos cuenta del vínculo que existe entre nuestro comportamiento y el círculo vicioso de la desconfianza y la violencia en la sociedad. Cada uno de nosotros debería comenzar preguntándose: ¿Soy yo tolerante? ¿Tengo esteriotipo respecto a ciertas personas o grupos? ¿Rechazo a los que son diferentes de mí? ¿Les culpo de mis dificultades?
5. La lucha contra la intolerancia requiere soluciones locales
Muchos sabemos que los problemas de mañana van a mundializarse cada vez más, pero pocos se dan cuenta que la solución de estos problemas es local e incluso individual. Frente a la escalada de intolerancia que nos rodea, no debemos esperar que los gobiernos o las instituciones actúen solos. Todos formamos parte íntegra de la solución. No deberíamos sentirnos impotentes, pues poseemos una capacidad enorme de poder. La acción no violenta es un medio de ejercer este poder, el poder del pueblo. Los instrumentos de la acción no violenta ¬ formar un grupo para encarar un problema, organizar una red local, expresar su solidaridad con las víctimas de la intolerancia, detectar y desprestigiar la propaganda odiosa ¬ están a disposición de todos los que quieren acabar con la intolerancia, la violencia y el odio.